martes, 26 de abril de 2011

Asomado al alero


Imagen de El cielo sobre Berlin, W. Wenders (1987)
Las alas parecen aupadas por un soplo de aire sobrenatural cuando se descubren tras los hombros del humano. Ese soplo mágico infunde en el alado una suerte de equilibrio que lo aleja y al mismo tiempo lo reconcilia con su estado natural. El ángel viene a ser un humano, pero ajeno a sexo y medida, siempre sobrio y suspendido en un mundo virginal. De ese equilibrio imposible no responde la teología sino la física, enmendando la nuestra con otra naturaleza posible, quién sabe si perdida en algún lance divino o simplemente desconocida. Para el humano entraña años de estudio afianzar ese equilibrio primero y convertirlo en severas ecuaciones. En ellas son los símbolos sucintos los que sobre el papel revolotean incesantes. De lo sobrenatural a lo natural pasando por lo subnatural. Así llegan las alas finalmente a su equilibrio, guiadas por una simbólica igualdad: el mundo parece querer cambiar, el cielo un poco menos.

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